LA COLONIA DE CAMORRITOS

UN LUGAR SINGULAR Y VALIOSO

Camorritos es hoy un lugar especial. Es un espacio residencial en el que se levantan 80 viviendas unifamiliares, muchas de ellas de notable valor arquitectónico, que comienzan a construirse en la década de 1920. Pero es también un espacio natural, un bosque de pinos y robles que dominan el paisaje y la imagen del territorio. La confluencia de los valores naturales y arquitectónicos convierte a la Colonia en un lugar singular con enormes méritos de conservación.

CAMORRITOS EN 1957

fotografía aérea de Camorritos en 1957

CAMORRITOS EN 2024

fotografía aérea de Camorritos en 1957

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DE ESPACIO DEGRADADO A BOSQUE HABITADO

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UNA HISTORIA VINCULADA A LA ENSEÑANZA Y AL FERROCARRIL ELÉCTRICO

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LOS SANATORIOS DE ALTURA

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UNA INICIATIVA DE UTILIDAD PÚBLICA

 

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CUMPLIMIENTO ESTRICTO DE LAS CONDICIONES LEGALES

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UN NOTABLE PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

imagenes de la colonia camorritos
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imagenes de la colonia camorritos
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DE ESPACIO DEGRADADO A BOSQUE HABITADO

Recopilar información sobre la historia de Camorritos ha confirmado algo que los pioneros transmitían con claridad: ha sido la creación de la Colonia lo que ha permitido el desarrollo de un impresionante dosel arbóreo partiendo de un espacio prácticamente desarbolado, fruto de siglos de cortas abusivas, exceso de ganado cabrío y roturaciones. Los informes de los ingenieros de montes de principios del Siglo XX son taxativos al respecto, y describen el territorio como un “erial” y “monte degradado”, aunque con algunos notables ejemplares aislados de pino silvestre.

El vuelo americano de 1946, las fotografías aéreas posteriores, así como las imágenes que se realizaron durante la construcción de las viviendas, confirman los informes de los responsables del Distrito Forestal y dan cuenta de un espacio desarbolado, aunque con aislados bosquetes de pino en el sector más septentrional.

La creación de la Colonia, lejos de degradar nada, ha tenido la feliz consecuencia del desarrollo de un denso pinar de pino silvestre en el sector más elevado que deja paso a un magnifico rebollar o melojar de Quercus Pyrenaica al sur de las vías del tren. De hecho, hay un contraste notable entre el arbolado del interior de las parcelas y las zonas que rodean la Colonia donde incluso continuaron las cortas de robles y pinos hasta muy recientemente. Los más notables robles y pinos se conservan precisamente en el interior de unas parcelas en el que el uso dominante es el forestal.

El seguimiento de las fotografías históricas deja poco lugar a dudas: la creación y desarrollo de Camorritos ha mejorado los valores ambientales de la naturaleza en la zona.

imagenes de la colonia camorritos
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UNA HISTORIA VINCULADA A LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA Y AL FERROCARRIL ELÉCTRICO

Camorritos no se puede entender sin conocer su historia. Su existencia es

es el resultado de un especial momento histórico y del esfuerzo de un grupo de guadarramistas ilustrados que trataban de acercar a los madrileños a la Sierra a través del montañismo, la pedagogía y el higienismo. Las ideas que inspiraron la Colonia hunden sus raíces en la Institución Libre de Enseñanza, y de hecho varios de sus promotores, como Manuel Rodríguez Arzuaga (1876 – 1952) o Gabriel Gancedo Rodríguez (1869 – 1933) estuvieron ligados a ella, disfrutando como alumnos, de las excursiones pedagógicas al Guadarrama, dentro del programa que la ILE organizó regularmente entre 1883 y 1936.

Arzuaga y seis ilustres madrileños más constituyeron el Sindicato de iniciativas del Guadarrama con la intención de facilitar el conocimiento y el disfrute de la Sierra madrileña. El Sindicato y posteriormente la Sociedad del Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama, son los dos promotores de esta aventura estrechamente ligada a la de construcción de un ferrocarril de vía estrecha que debía conectar Cercedilla con el Puerto de Navacerrada. Hasta esos años Madrid vivía de espaldas a la Sierra y fruto de la labor de la Institución y de sus sucesores se fue descubriendo y acercando el Guadarrama a los madrileños.

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LOS SANATORIOS DE ALTURA

El Estado promulgó tres Reales Ordenes en 1919, 1920 y 1921 con el objetivo de hacer posible la construcción del ferrocarril de montaña. En las dos últimas, se autorizaba a la ocupación de terrenos en Camorritos y la construcción de una Colonia sanitaria constituida por viviendas denominadas “edificios sanatorios” o “sanatorios de altura”. La Real Orden definitiva de 1921 autorizó incluso a construir “los edificios necesarios al establecimiento de comercios, talleres, casas para obreros, capilla y centro de solaz y recreo y demás que serán necesarios a la comodidad de las personas que han de residir en la colonia sanitaria”.

El proyecto propuso una ocupación media de seis personas por “edificio sanatorio”, una ocupación propia de una vivienda unifamiliar y nunca de un gran edificio. No debe por tanto confundirse este significado del término “sanatorio”, que figura en el texto de las Reales Órdenes, con el que ahora se utiliza habitualmente para referirse a construcciones hospitalarias de uso colectivo y como pudieron ser los sanatorios antituberculosos.

La vinculación del Sindicato y la Sociedad del Ferrocarril al higiniesmo de principio del S XX explica la denominación sanatorios que tanto extraña hoy en día. A lo largo de las siguientes décadas el término sanatorio utilizado para referirse a las viviendas unifamiliares, fue cambiando según los paradigmas de cada época pasando primero a hotel y más delante a villa y actualmente al galicismo chalé o chalet.

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UNA INICIATIVA DE UTILIDAD PÚBLICA

Camorritos es una iniciativa de utilidad pública. Sólo ha sido posible por la confluencia de los intereses públicos (acercamiento de los madrileños a la Sierra, papel curativo de los aires del Guadarrama, componente pedagógico de la naturaleza, etc) con lo mejor de la iniciativa privada de los más avanzados de los madrileños (ahora los llamaríamos emprendedores). Esta afirmación no es una percepción subjetiva, sino que responde a la solemne declaración del Gobierno del Reino de España en 1920 de “utilidad pública el proyecto de Colonias Sanitarios de altura que la Sociedad del Ferrocarril Eléctrico del Guadarrama se propone realizar”. La razón es que se persigue “construir hoteles a lo largo de la línea por donde ha de pasar la del ferrocarril proyectado para que sirvan de vivienda o albergue a cuantas personas acudan a la Sierra de Guadarrama en busca de salud”. Añade que “la realización de las Colonias Sanitarias no puede por menos de transformar lo qué actualmente es un erial improductivo, en una fuente de ingresos para los Ayuntamientos”. Y realmente así ha sido. La construcción del ferrocarril al Puerto de Navacerrada y su prolongación posterior al Puerto de Cotos, ha supuesto un notable y constante incremento del turismo en el pueblo de Cercedilla, y ha convertido esta actividad en su principal motor económico. Además, ha sido un factor clave para la popularización del esquí, que ha permitido que Cercedilla sea conocida por la pléyade de campeones de este deporte, algunos de ellos medalla olímpica, como Francisco y Blanca Fernández Ochoa.

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CUMPLIMIENTO ESTRICTO DE LAS CONDICIONES LEGALES

La autorización de ocupación de terrenos en Camorritos exigía que las viviendas, denominadas “edificios sanatorio” siguieran los principios higienistas que las inspiraba, y por tanto se debían cumplir altos estándares de iluminación y ventilación propios de una arquitectura “saludable” así como unas superficies suficientes:

“Con el objeto de que los edificios proyectados tengan la ventilación adecuada a los fines que se destinan, no se edificará más que el 20% de la parcela destinada a cada sanatorio y se dejará libre, igual por lo menos, a cuatro veces la de la construcción, de modo que cada una de dichas parcelas no sea inferior a 400 m2, ya que la vivienda, si ha de reunir condiciones higiénicas, no podrá abarcar una superficie menor de 80 m2”.

La Sociedad del Ferrocarril obtuvo permiso para construir 1.000 sanatorios que nunca llegaron a completarse pues en Camorritos apenas hay 80 viviendas unifamiliares construidas en parcelas generalmente entre 6.000 y 2.000 m2, que cumplen con las condiciones exigidas en las Reales Ordenes y con el espíritu del higiniesmo que las inspira. La media edificada por parcela es de 197,28 m2, siendo un tercio de esas viviendas de una superficie comprendida entre 80 a 140 m2.

Por otra parte, Camorritos tiene todas sus parcelas inscritas en el Registro de la Propiedad como fincas de naturaleza urbana y registradas en el Catastro también como fincas urbanas. De hecho, sus vecinos llevan décadas pagando el IBI (anteriormente Contribución Urbana) que puntualmente el Ayuntamiento de Cercedillla emite a cada una de las parcelas, y en las cuales también consta el carácter urbano de las mismas. La realidad es que Camorritos es un espacio urbano tal y como reconoce el propio Ayuntamiento al emitir sus recibos de IBI o la Dirección General de Catastro.

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UN NOTABLE PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO

Camorritos alberga un notable patrimonio arquitectónico de viviendas proyectadas por muchos de los mejores arquitectos españoles del siglo XX, que convirtieron la Colonia en un singular laboratorio de ideas y diseños.

Entre sus primeros arquitectos destacan nada menos que Rivas Eulate, Zavala Lafora y Durán de Cottes, vinculados al movimiento moderno y a las formas tradicionales de la arquitectura popular. Las primeras viviendas de la Colonia recuerdan a caseríos vascos o a casonas asturianas.

Ya en los años cuarenta, el modelo alpino se impone y dejan su impronta en la Colonia arquitectos tan importantes como Luis Gutiérrez Soto, autor del Aeropuerto de Barajas o del Ministerio del Aire en Moncloa. Camorritos se va llenando de interesantes hotelitos, villas, casas-refugio firmados, por Francisco de Asís Cabrero, autor del edificio de Sindicatos (actual Ministerio de Sanidad), por Luis Martínez-Feduchi Ruiz, que proyectó el edificio Capitol, en la Gran Vía, o el museo de América, junto con Luis Moya y José Subirana.

El genial Fernando Higueras aportó también a la Colonia un importante proyecto: la vivienda que luego habitaría y transformaría Cesar Manrique. La combinación de los dos genios ha creado un edificio y un entorno único, en el que se integra hormigón, arbolado, granito y agua.

Pero son muchos más los edificios singulares, viviendas proyectadas en la Colonia hasta la década de los ochenta por profesionales de reconocido prestigio como: Javier Lahuerta Vargas, arquitecto del Polideportivo de la Universidad de Navarra. (1983), Carlos Muruve Dupont (Parque deportivo El Tejar de Somontes. 1969), Fernando Adra Solana (Edificio Centro-Norte. Madrid. 1975), Emilio Chinarro Matas (Centro de Educación Especial Princesa Sofía, en el barrio de Canillas. 1965) o Ramón Bescós, autor junto con Rafael Moneo, del Edificio Bankinter en 1973.

Muchas de las viviendas citadas deberían figurar en el catálogo de viviendas protegidas de la Comunidad de Madrid, pero quizás lo más relevante es el valor patrimonial del conjunto de la Colonia, fruto de una historia cargada de significado.